
Una receta para unos panecillos de calabaza increíblemente tiernos, con un precioso color dorado y una miga delicada. Perfectos para el desayuno o como acompañamiento.
Prepara el prefermento de levadura ¡Asegúrate de que el puré de calabaza, el huevo y la levadura estén a temperatura ambiente antes de empezar! En un bol, mezcla con una cuchara la levadura fresca desmenuzada, la leche tibia (¡que no queme!), 1 cucharada del azúcar y 1 cucharada de la harina. Tapa el bol con un paño de cocina limpio y déjalo en un lugar cálido unos 20 minutos. La idea es que la mezcla fermente y se llene de burbujas.
Amasa la masa Derrite la mantequilla y deja que se enfríe un poco. En un bol grande (o el de tu robot de cocina), junta el puré de calabaza, el huevo, el azúcar, la sal, la cúrcuma, el prefermento de levadura ya burbujeante, la mantequilla derretida y la harina tamizada. Nota: La cantidad exacta de harina dependerá de lo líquido que sea tu puré de calabaza. El que usé para esta receta era bastante suelto. Amasa con el gancho amasador del robot durante unos 10 minutos. Buscamos una masa lisa, elástica y que se despegue limpiamente de las paredes del bol. Cuando esté lista, cubre el bol con un paño y déjala levar en un lugar cálido durante aproximadamente 1 hora y media, o hasta que doble su volumen.
Forma los panecillos Desgasifica la masa hundiendo el puño para sacarle el aire y amásala un poco a mano. Divídela en porciones y forma bolas lisas. Colócalas en una bandeja de horno forrada con papel de hornear, dejando bastante espacio entre ellas (crecerán mucho en el segundo levado y en el horno). Cubre los panecillos ya formados con un paño y déjalos levar de nuevo en un lugar cálido durante unos 30 minutos.
Hornea Pinta la superficie de los panecillos con huevo batido (lo mejor es usar un pincel de cocina) y espolvorea generosamente con pipas de calabaza. Mete la bandeja en el horno precalentado. Hornea a 180 °C con calor arriba y abajo durante 15-20 minutos, o hasta que estén bien doraditos. Una vez fríos, estos panecillos se pueden congelar perfectamente.
Para conseguir la mejor textura y sabor, elige calabazas con una pulpa densa, cremosa y un dulzor natural. La calabaza Hokkaido y la Butternut (o cacahuete) son las mejores opciones porque se convierten en un puré sedoso y sin hebras, garantizando una masa uniforme.
¡Por supuesto! Estos panecillos aguantan la congelación de maravilla. Una vez descongelados, conservan su ternura y aroma, sobre todo si los calientas unos minutos en el horno antes de servir. Nos encanta sacarlos del congelador unas horas antes de la cena para que se descongelen lentamente sobre la encimera.
Esa increíble textura tierna no es magia, es ciencia. La fibra y la humedad del puré de calabaza ayudan a la masa a retener agua, actuando como un suavizante natural. Esto significa que tus panecillos se mantienen frescos y elásticos durante días, a diferencia del pan blanco normal que se seca rápidamente.
Mucha gente se pregunta si el pan de calabaza es dulce. Esta receta encuentra el equilibrio perfecto. Son "neutros", con un sutil dulzor natural de la hortaliza que no satura. Esto los convierte en un camaleón culinario: su color soleado y su jugosidad funcionan tan bien con un queso cheddar curado y jamón como con mermelada de fresa o miel.
Como son tan versátiles, las opciones para acompañarlos son infinitas. Su miga húmeda y mantecosa es una base fantástica para desayunos salados: pruébalos con huevos revueltos o jamón serrano. También son una alternativa deliciosa y resistente a los panes de brioche para hamburguesas caseras o sándwiches de carne mechada. ¿Te apetece algo dulce? Tostados con una capa de queso crema o mermelada de ciruela son puro placer.
Estos panecillos de calabaza son la mejor manera de traer el calorcito del otoño a tu cocina. El puré de calabaza no solo les da ese color dorado espectacular, sino que hace que la miga sea increíblemente tierna y se mantenga fresca durante días. Son un verdadero camaleón en el mundo de la panadería: lo suficientemente neutros para servir como pan de hamburguesa o para acompañar la cena, y a la vez con un punto dulce para disfrutarlos con miel y mermelada en el desayuno. Incluso si eres nuevo en esto de las masas con levadura, verás que esta es muy agradecida y fácil de trabajar. ¡Vamos a llenar la casa con el aroma a pan recién hecho!
Para conseguir la mejor textura y sabor, elige calabazas con una pulpa densa, cremosa y un dulzor natural. La calabaza Hokkaido y la Butternut (o cacahuete) son las mejores opciones porque se convierten en un puré sedoso y sin hebras, garantizando una masa uniforme.
¡Por supuesto! Estos panecillos aguantan la congelación de maravilla. Una vez descongelados, conservan su ternura y aroma, sobre todo si los calientas unos minutos en el horno antes de servir. Nos encanta sacarlos del congelador unas horas antes de la cena para que se descongelen lentamente sobre la encimera.
Esa increíble textura tierna no es magia, es ciencia. La fibra y la humedad del puré de calabaza ayudan a la masa a retener agua, actuando como un suavizante natural. Esto significa que tus panecillos se mantienen frescos y elásticos durante días, a diferencia del pan blanco normal que se seca rápidamente.
Mucha gente se pregunta si el pan de calabaza es dulce. Esta receta encuentra el equilibrio perfecto. Son "neutros", con un sutil dulzor natural de la hortaliza que no satura. Esto los convierte en un camaleón culinario: su color soleado y su jugosidad funcionan tan bien con un queso cheddar curado y jamón como con mermelada de fresa o miel.
Como son tan versátiles, las opciones para acompañarlos son infinitas. Su miga húmeda y mantecosa es una base fantástica para desayunos salados: pruébalos con huevos revueltos o jamón serrano. También son una alternativa deliciosa y resistente a los panes de brioche para hamburguesas caseras o sándwiches de carne mechada. ¿Te apetece algo dulce? Tostados con una capa de queso crema o mermelada de ciruela son puro placer.
Estos panecillos de calabaza son la mejor manera de traer el calorcito del otoño a tu cocina. El puré de calabaza no solo les da ese color dorado espectacular, sino que hace que la miga sea increíblemente tierna y se mantenga fresca durante días. Son un verdadero camaleón en el mundo de la panadería: lo suficientemente neutros para servir como pan de hamburguesa o para acompañar la cena, y a la vez con un punto dulce para disfrutarlos con miel y mermelada en el desayuno. Incluso si eres nuevo en esto de las masas con levadura, verás que esta es muy agradecida y fácil de trabajar. ¡Vamos a llenar la casa con el aroma a pan recién hecho!